Sábado 17 de Septiembre, 2005
36 horas disfrazado de bloguer
por Hernán Casciari

Un arquitecto boceta un plano en un cuaderno. Un poeta sensible borronea versos en un cuaderno. Una cocinera anota ingredientes en un cuaderno. Una telefonista apunta números en un cuaderno. Una adolescente cursi escribe infinitamente 'Marianito te amo' en un cuaderno. Un matemático reproduce una ecuación en un cuaderno. Un periodista redacta su editorial en un cuaderno. Entonces un periódico serio dice: "Fenómeno cuaderno: hay más de ocho millones de cuaderneros en el mundo". Y nadie lo desmiente.

Introducción

Entre las cosas que más me han llamado la atención desde que, hace dos años exactos, escribí mi primer cuentito utilizando una herramienta llamada blog, es la confusión que genera esta herramienta. Hablo de la confusión de todo el mundo a la hora de definirla, por supuesto. Ése es el malentendido raíz. Después, si nos ponemos detallistas, nos encontramos con otros miles de malentendidos.

Si en el mundo real de los cuadernos, por ejemplo, a ningún crítico literario con cuaderno se le ocurriría criticar a una adolescente con cuaderno por el hecho de utilizar un cuaderno para escribir todo el tiempo "amo a mariano"; en el mundo de los weblogs, en cambio, esto ocurre con frecuencia. Si en el mundo de los cuadernos las personas jamás organizarían reuniones llamadas "Beers & Cuadernos México" a las que acudieran todos los mexicanos que usan cuaderno, en el mundo de los weblogs esto ocurre a cada rato.

En el mundo real tener un cuaderno no es lo importante, sino, eventualmente, lo que se haga con él. Nadie se pregunta, en el mundo real, cuántos cuadernos se compran diariamente, ni cuántos cuadernos comprados nunca han sido escritos, ni cuántos cuadernos se dejan por la mitad. Ni siquiera nadie se pregunta si el cuaderno es una moda o una tendencia.

Hay una diferencia madre entre los cuadernos y los blogs, una diferencia sustancial: nadie adquiere un cuaderno porque sí. Ésa es la diferencia. Por eso, entiendo que la primera gran división entre los usuarios que utilizan la herramienta weblog es la siguiente:

A - personas que utilizan una herramienta llamada weblog por una razón puntual (la necesidad es anterior a la emergencia)

B - personas que poseen un weblog pero todavía no saben para qué lo necesitan (la emergencia es anterior a la necesidad).

En el primer grupo (el minoritario) es un error conceptual llamar a estos usuarios "bloguers". Se llaman, cada uno, del modo que se llamaban antes de utilizar un weblog: poetas, informáticos, estudiantes, periodistas, estudiantes de periodismo, fotógrafos, retocadores de fotografías, columnistas, putas, monologuistas, narradores, arquitectos, novelistas, autobiografistas, humoristas gráficos, etcétera.

En el segundo grupo (el mayoritario) sí hace falta una deficinión. Y entonces "blogueros", o "bloguers", puede ser una de ellas. Se trata de personas que utilizan una herramienta porque existe la herramienta. Ya después verán qué hacer con ella.

Trabajo práctico

Los días jueves y viernes de la semana pasada quise ir más lejos, y me convertí en bloguer durante treinta y seis horas. Es decir: asumí la personalidad de quien posee una herramienta blog sin motivo. O, lo que es lo mismo, sin motivación. Dejé de lado mi necesidad primaria en Orsai (entretener a un grupo de lectores con ideas absurdas) y puse el cerebro en blanco, para saber qué se siente ser bloguer.

Escribí un montón de textos cortitos, a razón de uno cada seis horas. En ningún caso me preocupé por la estética, ni la sintáxis ni el suspenso, ni una mierda. Intenté, principalmente, padecer todas y cada una de las 10 taras típicas de los bloguers, a saber:

1. Enlacé muchísimos otros blogs sin razones aparentes.

2. Mencioné a personas de mi entorno con su nombre de pila, sin dar más detalles.

3. Hice chistes internos, dejando afuera al 98% de los lectores.

4. Dije que por la noche iría a un concierto, y cuando volví usé la palabra "update".

5. Puse tres palabras acabadas con la letra K (Irak, GoogleTalk, DanielLink).

6. Mostré una fotografía de la última cosa con enchufe que me compré.

7. Puse un enlace que hacía referencia a algo que escribí yo mismo un año atrás.

8. Mostré la portada de un longplay de los años setenta.

9. Participé activamente en los comentarios, para que a primera vista fuesen muchos.

10. Y por último me aburrí y cerré el blog.

Conclusiones

Durante los dos días en que Orsai se convirtió en un blog, las visitas se triplicaron, a causa de que las personas entraban muchas veces para ver si había escrito algo nuevo. Lo mismo ocurrió con los comentarios: hubo 210 en venticuatro horas, sin contar los que hice yo mismo para engrosar la lista. Esto indica (y lo siento en el alma) que a la gente le gusta más leer pelotudeces que textos elaborados.

A nivel sociológico, entendí que los comentaristas tampoco estaban muy a gusto con mi discurso, y noté que hacían esfuerzos para equilibrar mi ausencia de ideas con ideas propias, generando que los comentarios, en casi todos los casos, fuesen mucho mejor que el post que los disparaba.

Noté que, al enlazar a otros bloguers desmotivados (más que nada generando polémicas absurdas con ellos) estos bloguers se ponían contentos porque encontraban algo de lo que hablar en sus cuadernos, y escribían sobre mí, en algunos casos largamente y felices de tener un tema al que sacarle punta.

Sin embargo, a nivel personal la primera sensación que padecí fue de un inmenso aburrimiento. No tener nada para decir es, a veces, mucho más agotador que tener alguna idea más menos feliz una vez cada muerte de obispo.

Pero más que nada, supe en carne propia algo que ya sospechaba con cierto espanto: la herramienta llamada weblog, en sí misma, sin poner nada de nuestra parte, es más aburrida que chupar la herramienta llamada clavo.

Imprimir Enviar a un amigo Internet 82 Comentarios